Los mercados no son los únicos que están a la expectativa de las decisiones que tome hoy el Banco Central Europeo. La Reserva Federal de Estados Unidos también vigila de cerca la actuación de la autoridad europea y, sobre todo, la reacción que provoque en los mercados.
De esta reacción depende, en parte, si la Fed se decide a impulsar la
política monetaria para contrarrestar la frágil economía estadounidense.
Tras el mensaje lanzado en julio sobre la disposición del BCE a comprar deuda,
los mercados han estado esperando que se concrete la intervención del
organismo para aliviar la presión sobre los bonos de algunos países
europeos.
Lo que diga el BCE hoy es importante para la Fed porque si el mensaje decepciona, podría desencadenar un nuevo brote de volatilidad e incertidumbre en los mercados. Y esto, a su vez, puede servir para animar a la Fed a poner en marcha nuevas medidas de alivio monetario
en su reunión de los días 12 y 13 de septiembre. Sobre todo si a las
malas noticias desde Europa se suman unos malos datos de empleo (el
viernes) en EEUU, tal y como explica un gestor neoyorquino a la CNBC.
Los
expertos parten de la base de que el BCE dará a conocer sus planes
sobre la compra de bonos. “Así que los empleos creados superan los
125.000, por encima de lo que se espera, el presidente de la Fed, Ben
Bernake, preferirá mantenerse a la espera y guardarse los cartuchos para
una emergencia”, señala un experto. En cambio, si el BCE decepciona y el dato americano es malo, “Bernanke volverá a inyectar dinero en el mercado”, concluye.
La
Fed mantiene los tipos de interés cercanos al cero por ciento desde que
comenzó la crisis en 2008 y ha puesto en marcha dos rondas de expansión
cuantitativa (QE1 y QE2) para reducir los costes del endeudamiento a
largo plazo y promover así la inversión y el crecimiento económico.
Desde hace unos meses el mercado especula con una tercera ronda de flexibilización monetaria y las últimas cifras económicas han llevado a los inversores a pensar que, efectivamente, Bernanke anunciará en breve la QE3.
Algunos analistas señalan que una actuación decisiva por parte del BCE este jueves podría aliviar la presión sobre la Fed
a la hora de tomar su decisión sobre política monetaria. Porque,
además, el banco central estadounidense prefiere esperar a que se
celebren las elecciones presidenciales de noviembre antes de lanzar nuevos estímulos.
La
reunión de banqueros centrales en Jackson Hole del fin de semana pasado
concluyó, precisamente, permitiendo a los inversores mantener la
esperanza en que la Fed vuelva a comprar de forma masiva deuda en el mercado secundario: Bernanke
destacó que las dos rondas de expansión cuantitativa habían tenido un
efecto positivo y que estaba listo para nuevos estímulos si es
necesario. Aunque evitó hacer ninguna referencia concreta a la QE3.