Los dos gigantes asiáticos reducen las
importaciones: Delhi diversifica las compras por las sanciones
internacionales, Pekín quiere conseguir mejor precio.
Irán afronta un mes de junio clave para su economía y para la salud
de su agitada relación con la comunidad internacional. Estados Unidos y
la Unión Europea aprobaron a principios de año un programa de sanciones
contra el régimen de los ayatolás para frenar su programa nuclear, y
será en las próximas semanas cuando se apliquen (o no) en toda su
extensión y dureza.El próximo 1 de julio entrará en vigor la prohibición total de comprar crudo iraní acordada por la Unión Europea. Los Veintisiete tendrán que cortar en seco en apenas tres semanas todas las importaciones, ya prácticamente reducidas a cero desde que se aprobaron las sanciones en enero. Y a finales de junio, EEUU decidirá si aplica sanciones económicas contra los países que sigan realizando pagos a través del Banco Central iraní, el principal instrumento de Teherán entrada de divisas por la venta de petróleo.
Y todo ello, mientras Irán, la Organización Internacional de la Energía Atómica y las grandes potencias internacionales buscan (de momento sin visos reales de conseguirlo) una solución pactada para controlar el desarrollo del programa nuclear iraní que permita confirmar que su uso será estrictamente civil, y no militar.
A la espera de ver en qué quedan las conversaciones y que impacto real tienen las sanciones en las exportaciones de crudo iraní, China e India meten presión al régimen recortando sus compras de petróleo. Las dos potencias emergentes, los mayores importadores del crudo iraní, vienen recortando las transacciones en los últimos meses: India redujo drásticamente un 38% sus importaciones en mayo y China lo hizo en un 24% en abril, según informa Reuters.
Los gigantes asiáticos se repliegan y reducen su exposición al crudo iraní..., pero por motivos diferentes. India recorta sus compras en un intento de amortiguar los efectos que podrían llegar a tener la aplicación en toda su extensión de las sanciones de EEUU. Pero China lleva meses reduciendo las importaciones procedentes de Irán muy fundamentalmente con otro objetivo: presionar al régimen de Teherán mientras ambas partes negocian condiciones más ventajosas y una rebaja del precio del crudo.