lunes, 5 de septiembre de 2011

El insostenible modelo chino

Aunque, a corto plazo, la economía china se está sobrecalentando (crece por encima de su potencial y alimenta la inflación), su principal problema a partir de 2012 ó 2013 será el exceso de inversión en capital fijo, que ya ronda el 50 por ciento del PIB.

El modelo tradicional chino de crecimiento se sustenta, además de en esa inversión, en una industrialización basada en las exportaciones y en una moneda débil; en el alto ahorro de empresas y particulares y en una muy baja contribución del consumo al PIB.

A medida que el consumo caía (pasando de representar el 52 por ciento del PIB en los años 80 al 33,8 por ciento en 2010), el crecimiento pasó a depender cada vez más de las exportaciones y de la inversión en capital fijo. Hasta 2008, el crecimiento fue un producto del brusco ascenso de las ventas al exterior netas (a principios de los 90 suponían un 0 por ciento del PIB, y en 2007 alcanzaron un máximo del 9 por ciento).

Cuando la recesión global hundió las exportaciones netas del gigante asiático, la reacción del país no fue aumentar el consumo sino elevar la tasa de formación de capital bruto del PIB, del 44 por ciento al 47,5 por ciento en 2009. Por esa razón, el colapso de las exportaciones netas en 2009 no condujo a una recesión severa (como ocurrió en Japón, Alemania o el Asia emergente) sólo porque la inversión en capital fijo se elevó de una cuota ya excesivamente alta del PIB.

La parte del PIB procedente del consumo siguió cayendo, mientras que la de la inversión en capital fijo aumentó aún más, acercándose al 50 por ciento del PIB mediante el gasto en infraestructuras, la inversión inmobiliaria y los préstamos baratos de bancos estatales a empresas del Gobierno. A estas empresas se les ordenó producir más, contratar más y aumentar su capacidad pese al exceso de capacidad manufacturera.

Ningún país es tan productivo como para reinvertir casi el 50 por ciento de su PIB en capital nuevo sin acabar enfrentándose a un problema de préstamos no rentables para el sistema bancario y a un aumento de la deuda pública. Mantener la inversión a ese nivel es insostenible y al final (probablemente después de 2013) acabará provocando un aterrizaje forzoso. Es decir, a un escenario en el que el crecimiento se ralentice durante un periodo considerable de tiempo hasta alcanzar un nivel del 5 por ciento o inferior. China necesita cerca de un 8 por ciento para mantener su estabilidad social y política.

Los problemas que vienen

Préstamos no rentables. Más de un tercio de proyectos de infraestructuras con tasas de rendimiento cero corren grave peligro de hundirse. Los últimos estudios sugieren que la deuda pública china es mucho mayor que la cifra oficial del 17 por ciento del PIB. Teniendo en cuenta las deudas de los gobiernos provinciales, el Banco Popular de China y el Ministerio del Ferrocarril, así como del rescate bancario de la última década, la cifra de deuda pública se sitúa en el 77 por ciento del PIB en 2010 y sigue subiendo, según los cálculos de RGE.